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EL DESTETE DEL BEBE O BEIKOST La leche como alimento único a partir de los seis meses no proporciona la energía y nutrientes que precisa el lactante a partir de esta edad, y además, como sus funciones digestivas han madurado, se debe incluir una alimentación complementaria, siguiendo unas normas regladas. No se recomienda introducir nuevos alimentos antes de los 5-6 meses, aunque tampoco es aconsejable hacerlo más allá de los seis, porque la falta de diversificación es motivo frecuente de anorexia (pérdida de apetito), a la vez que se desaprovecha una época muy válida para la educación del gusto y la adaptación progresiva a una alimentación equilibrada, variada y suficiente. A la edad de seis meses, el Beikost no debe proporcionar más del 50% de las calorías diarias. Al ir haciéndose mayor, se le irá disminuyendo el número de tomas, de forma que de las 6-8 veces al día que suele alimentarse al empezar la lactancia, pasará progresivamente a 4-5 tomas en la segunda mitad del primer año. Ello no debe comprometer el aporte total de leche (materna, de fórmula o productos lácteos equivalentes), que debe mantenerse por encima del medio litro al día. En esta etapa el aporte de agua es fundamental; al introducir los alimentos sólidos, el aporte hídrico debe aumentarse. Hay que ofrecerles a menudo agua, y más en situaciones de enfermedad, fiebre, diarreas, etc. La forma habitual de introducir la alimentación complementaria es ir sustituyendo, de una en una, las tomas de leche que recibe el lactante por los distintos componentes de la alimentación complementaria (papilla de cereales, fruta, puré de verdura…); con intervalo suficiente para que el niño vaya aceptando los nuevos alimentos, probando la tolerancia del niño a los mismos antes de introducir uno nuevo y dando tiempo a la adaptación de su organismo. Esto ayudará a los padres a identificar cualquier alergia o intolerancia a alimentos específicos. Es muy importante en este periodo, permitir que la cantidad de alimento pueda variar de un día a otro y de una semana a otra, según el apetito del niño. El lactante es especialmente sensible y vulnerable ante transgresiones dietéticas y sus consecuencias son más serias que en el niño mayor y el adulto; puede desarrollar anemia por consumo temprano de leche de vaca, intolerancia a la leche de vaca, celiaquía o intolerancia al gluten y alergias alimenticias. En este período es de vital importancia la introducción tardía del gluten (proteína presente en trigo, centeno, avena, cebada y triticale o híbrido de trigo y centeno) en la dieta para reducir el riesgo de celiaquía. Es más, cuanto más tardía es la introducción del gluten, más benigno y menos agresivo será el debut de la enfermedad, si es que se produce. Los cereales que no contienen gluten son: arroz, maíz, mijo y sorgo. También hay que destacar la importancia de retrasar aquellos alimentos más alergénicos como el huevo, el pescado o algunas frutas como la fresa o el melocotón a un momento en que la permeabilidad intestinal sea menor y disminuyan las posibilidades de desarrollar una alergia alimenticia; y en niños con antecedentes atópicos, nunca antes del año. Es muy importante en este periodo, permitir que la cantidad de alimento pueda variar de un día a otro y de una semana a otra, según el apetito del niño. El control del peso durante el periodo de lactancia se ha centrado tradicionalmente en la detección de la desnutrición, pero los cambios en el nivel de vida de nuestro país hacen menos frecuente esta circunstancia salvo en enfermedades crónicas, y comienzan a aparecer problemas de sobrepeso y obesidad. En el periodo de lactante, especialmente tras la introducción del “beikost”, debemos estar alerta, ya que si se instaura la obesidad a estas edades será más difícil erradicar este trastorno posteriormente. Introducción de los nuevos alimentos uno por uno Los cereales. Se introducirán alrededor de los 5-6 meses y nunca antes de los cuatro. Primero serán sin gluten para evitar sensibilizaciones e intolerancias a esta proteína. A partir de los 7-8 meses se puede dar mezcla de cereales con gluten. A menudo es el primer elemento distinto de la leche que se introduce en la dieta de los lactantes. Los cereales contribuyen al aporte energético, son fuente de proteínas, minerales, vitaminas (tiamina especialmente), ácidos grasos esenciales e hidratos de carbono de absorción lenta, por lo que permite espaciar más las tomas. No obstante, al tratarse de un alimento calórico, existe riesgo de sobrealimentación si se abusa de su consumo. Para preparar las papillas debe utilizarse la leche habitual y añadir el cereal necesario, manteniendo así el aporte mínimo de 500 c.c. de leche diarios. Las frutas. Se empezará a partir de los 5 meses con zumo de frutas, y más adelante con una papilla de frutas por su aporte vitamínico, nunca sustituyendo a una toma de leche, sino complementándola. Se deben emplear frutas variadas (naranja, manzana, pera, uva, ciruela), para contribuir a educar el gusto, y es preferible evitar las más alergénicas como fresa, fresón, frambuesa, kiwi y melocotón. Suelen introducirse después de conseguida la aceptación de los cereales, aunque puede hacerse a la inversa. No deben endulzarse con azúcar. No tiene base nutricional ofrecer zumos de fruta antes de los 4 meses y son probables las reacciones adversas. Las verduras y patatas. Se irán introduciendo a partir de los 6 meses por su aporte de sales minerales. Se deben evitar al principio las verduras con alto contenido en nitratos, como remolacha, espinacas, acelgas y nabos, incluso de cultivo biológico, no introduciéndolas diariamente. No debe aprovecharse el agua de cocción de estas verduras para añadir al biberón. Por ello, al principio se han de preferir patatas, judías verdes, calabacín, etc. para más tarde introducir las demás verduras. Estas deben cocerse con poca agua y en este caso si se puede aprovechar el caldo de cocción, en el que quedan disueltas parte de las sales minerales. Al inicio, se recomienda evitar las flatulentas (col, coliflor, nabo) o muy aromáticas (puerro, espárragos) Conviene añadir una cuchara de postre de aceite de oliva al puré, pero no debe añadirse sal. Carnes. Preferiblemente las menos grasas, empezando por el pollo y nunca antes de los seis meses, en una cantidad de 10-15 gramos por día y aumentando 10-15 gramos por mes, hasta un máximo de 40-50 gramos, mezclada y batida la carne con patata y verduras. Posteriormente se introduce la ternera, el cordero y otras. Aportan proteínas de alto valor biológico, lípidos, hierro, zinc y ciertas vitaminas. Las vísceras (hígado, sesos, etc.) no tienen ventajas sobre la carne magra y aportan exceso de colesterol y grasa saturada. Pescados. Nunca comenzar antes de los nueve meses debido a su mayor capacidad de provocar alergia, y si el bebé tiene antecedentes familiares de alergia, incluso hasta pasado el año de edad. A partir de esta edad, el pescado puede sustituir a algunas tomas de la carne. Es conveniente empezar por pescados blancos como merluza, lenguado, rape, gallo, siendo extremadamente cuidadosos con las espinas. Huevos. Nunca crudos. Se introducirá primero la yema cocida sobre el noveno mes añadida al puré de medio día, para tomar el huevo entero (con la clara) hacia los doce meses. Puede sustituir a la carne. La frecuencia de consumo recomendada es de 2-3 unidades por semana. La yema es buena fuente de grasas, ácidos grasos esenciales, vitamina A, D y hierro. La clara aporta principalmente proteínas de alto valor biológico, pero entre ellas se encuentra la ovoalbúmina, con capacidad de provocar alergia. Legumbres. Añadidas al puré de verduras a partir de los 18 meses. Si se mezclan con arroz u otros cereales, sustituyen a la carne, y se pueden tomar así hasta dos veces por semana. Yogures. A partir del octavo mes; natural, sin azucarar como complemento de la merienda, sólo o mezclado con la papilla de frutas. Azúcares refinados, miel y otros dulces. No es recomendable el consumo de azúcar, pues la dieta del bebé tiene un aporte adecuado de hidratos de carbono. Es muy importante no alimentar a los lactantes con miel ni jarabe de maíz debido a que estos alimentos se han identificado como las únicas fuentes dietéticas de las esporas del Clostridium botulinum y a esta edad no tienen la inmunidad suficiente para resistir el desarrollo de estas esporas causantes del botulismo. Agua. Mientras el lactante recibe sólo leche materna o fórmula adaptada no requiere líquidos adicionales, salvo en situaciones extremas de calor o pérdidas aumentadas de líquidos (fiebre, diarrea). Por el contrario, ya que la alimentación complementaria supone una mayor carga renal de solutos, no basta con los líquidos aportados por la leche y otros alimentos, y se debe ofrecer al niño agua con frecuencia. La leche de vaca. Nunca se introducirá antes del año, y cuando se incluya en la dieta deberá ser entera, por su aporte de vitaminas liposolubles (solubles en grasa) y grasas, salvo que haya recomendación médica que especifique otra cosa. |




